Con la tremenda transformación urbana que ha tenido lugar en Zaragoza, estoy dando unas cuantas decenas de paseos para poder pasar de Santo Tomás a creyente devoto.

Corredor Verde Oliver-Valdefierro
He estado en el supermarciano Corredor Verde Oliver-Valdefierro, con sus marquesinas numeradas adornadas con el bajorrelieve: “Prohibido no fijar carteles”. He paseado por las riberas del Ebro, absolutamente cambiadas, urbanizadas, y además con gusto (aunque sigo sin entender por qué se han cargado los dos parques que ya había desde hace un par de años -San Pablo y Echegaray- para volver a hacerlos nuevos). He visto los bancos iluminados por debajo en el acceso al embarcadero del Club Náutico, con sus dos ascensores.

Parque de Vadorrey
He llegado hasta la estación de tren en construcción de Miraflores, continuando la línea de la avenida Tenor Fleta (Cadena de la Granja). He visto parques y zonas verdes sin cesar: el parque del Agua, aún sin terminar; el parque de la Granja, con su reloj de sol gigante; el parque de Vadorrey, con su barco varado.

Reloj de sol en el Parque de la Granja
He visto el corredor del Gállego, con sus bancos inundados; el parque del Oeste en el barrio Oliver, con su lago, su pradera… He estado en la nueva plaza Eduardo Ibarra de la Romareda, con sus salidas del aparcamiento convertidas en edificios de colores, tan inhumana aún por los árboles raquíticos.

Orillas inundadas del río Gállego
He admirado la restauración del Museo Camón Aznar, con su colección de grabados de Goya. He echado de menos una visión más amplia del período de gobierno de los franceses en Zaragoza en la exposición sobre los Sitios del Centro de Historia. He estado en el piso 14 del World Trade Center, con sus vistas de Zaragoza; y en la planta calle, con su escultura de Orensanz.

Cerezas y nubes en la planta 14 del WTC
He pasado junto a las restauradas Azucarera del Arrabal, con sus chimeneas, y Harinera de San José, bonito edificio de ladrillo, y espero -como todos- que pronto sean activos lugares de arte. He observado que tras la antigua estación del Norte en el Arrabal hay un parque muy abandonado.

Telecabinas del teleférico y Puente del Tercer Milenio
He visto las obras alrededor de la Estación Delicias, con su pasarela que lleva al teleférico, que lleva a la Expo. Y si no lo coges, pasas el puente del Tercer Milenio y desde allí ves el Pabellón Puente, luego la Torre del Agua y todo el resto de pabellones de la Expo. Hay multitud de carreteras y calles nuevas: el cierre del Tercer Cinturón con la Ronda del Rabal, pero también la prolongación de Ranillas, el Cuarto Cinturón…

Atardecer desde el azud
He estado bajo todos los puentes de Zaragoza, porque ahora se puede pasar también por allí, caminando o en bicicleta (pronto también bajo del de Piedra). Y por encima, claro: del nuevo Azud de elegantes pérgolas onduladas, de la nueva pasarela sobre el Huerva en su desembocadura, de la otra enorme y preciosa del Voluntariado (”el Pincho”) que une la Almozara y el Actur a pìe, como lo hará también en coche el Puente del Tercer Milenio.

Parque de Ranillas
He visto las ranas de bronce de Arrudi que salpican el parque de la avenida de Ranillas, he visto el mirador de la margen izquierda entre los puentes de Hierro y de Piedra, donde antes estaba el puente de Tablas. He visto las ruinas del Cuartel y Convento de San Lázaro, que no han sido destruidas pero serán enterradas en su mayor parte, aunque con un Centro de Interpretación.

El Pilar y la luna, desde la Arboleda de Macanaz
He estado en la Arboleda de Macanaz, que como los otros dos parques nombrados antes ha sido eliminada para volver a rehacerla. He disfrutado desde el puente de Santiago de los fuegos artificiales que programaron los curas para inaugurar la restauración e iluminación del Pilar. He visto desde el Pincho los otros fuegos artificiales, los que programó la Expo para su inauguración. He estado a punto de viajar en el tren turístico que lleva de Zaragoza a La Alfranca por la orilla del Ebro, pero tenía todos los billetes vendidos y la encargada estaba muy sorprendida. Pronto funcionará otro trenecito, dentro del inacabado parque del Agua.

Torre del Agua, desde la Isla de los Pájaros
He visto hacer rafting a los responsables del canal de aguas bravas del parque del Agua. He estado frente a la Isla de los Pájaros, al norte del meandro de Ranillas. He recorrido kilómetros y kilómetros, acompañado de un carril bici -que he utilizado en parte pedaleando- equipado también con bicicletas de alquiler. He visto los torreones restaurados de la Muralla Romana, en la trasera del Convento del Santo Sepulcro, junto al Puente de Hierro.

Torreón de la Muralla Romana. Convento del Santo Sepulcro
He recorrido en coche y andando buena parte del tramo urbano del Canal Imperial, con sus saltos, su estrechamiento al sureste, su parque de la Fuente de los Incrédulos, junto al nuevo de los depósitos de agua. He buscado el parque de PLAZA, pero no lo he encontrado, perdido entre tanto solar de nueva construcción. He comido -fatal- en la nueva terminal del aeropuerto, tan acuática (se inundó por la lluvia) y tan bonita.
Todavía no he estado dentro del recinto de la Expo, pero creo que es lo de menos. A la entrada unos postes echan agua atomizada y es agradable y refrescante.

(Fotos de Sara Ruiz y Antonio Tausiet)
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